Tengo ahora la residencia o no?
Elena me pregunta esto mostrándome lo que ayer le dieron en la oficina de extranjería en Almeria. Es un folio, bonito, color verdoso, con un texto que dice que a partir de la fecha de ayer está registrada en el registro de Extranjeros de la Dirección General de la Policia y de la Guardia Civil.
La verdad es que no lo sé, eso de todos modos no es una tarjeta de residencia, contesto, preguntandole: pero como conseguistes tu cita?
Elena cuenta: te acuerdas que estaba desesperada por no poder hablar con alguién de extranjería.
En aquellos días de agosto me fui a un concierto de flamenco del festival Diquela al Castillo Don Felipe en Los Escullos. Es que me encanta el flamenco. No entiendo nada de flamenco, para una alemana es dificil de entender esa pasión y los ritmos que tiene, pero me fascina. Asi que estaba sentada en la segunda fila de sillas esperando que empieze el concierto y detrás de mi hablaba una señora por teléfono. No me tenia que esforzar para entender lo que decia porque hablaba con voz alta. Era evidente que no tenia coche y estaba intentando de organizar que vengan por ella para recogerla despues del concierto. Me dí la vuelta y la pregunté: ¿adónde tienes que ir? A San José, dijo. Si quieres te puede llevar, porque yo también voy a San José. Ah, muchas gracias. Y así empezamos a charlar.
En la pausa también nos reunimos y nos dimos un paseo fuera del castillo y hablabamos del flamenco y de otras cosas hasta que yo mencionó sin pensar en más mis problemas de conseguir cita con la oficina de extranjería en Almería.
Si quieres te la puedo conseguir, dijo ella. Tenemos un despacho de abogados mi marido y yo y todavia está trabajando una empleada en la oficina. Para nosotros es fácil hacerlo, lo hacemos por internet.
El dia siguiente por la mañana me llamó la señora del despacho preguntandome unos datos de mi pasaporte y mi dirección de correo electrónico. Me mandó una cópia de la solucitud para una cita. Y principios de septiembre me llegó la confirmación de la cita de ayer.
Me extrañó de que solo tendria que entregar fotocópia del pasaporte, demostrar el original y pagar una tasa de seis euros setenta.
Llegando alli a las menos cuarto preguntando por un formulario para poder pagar la tasa, un señor de los con uniforme dió una orden a otro con uniforme para que me dé un formulario de tasa. Esto otro por su parte estaba dando órdenes a otro hasta que me dió el folio con aquel me fui a Cajamar a unos cincuenta metros.
Menos mal que alli no habia cola.
Para poder realizar el pago necesita dos fotocopias del formularia rellenado y una fotocópia del pasaporte me dijo el señor de la caja. Yo respondió: no me lo digas, y el: se lo digo. Y si quiere se puede sentar en la mesa para rellenarlo, alli está más cómoda.
Se lo agradeció.
A mi me hubiera gustado saber esto de las fotocópias antes porque ya habia ido a otro sitio para preparar mis fotocópias del pasaporte. Pero tenia suerte y al lado del banco habia una tienda de chuches que también hace fotocópias.
Volví a Cajamar y ahora sí habia cola. Cuando me tocó puse todo en el mostrador y el señor empezó a teclar datos en su ordenador. Despues de un tiempo me dijo: lo siento no le puedo cobrar porque el numero que tiene la hoja que le han dado a Usted en la oficina de extranjería ya ha pasado por el ordenador y no la podemos pasar dos veces.
No me lo puedo creer, dije, y el: creemelo. Usted tiene que ir a otro banco, en esta misma calle a unos cincuenta metros más abajo hay Unicaja, vayase alli, a ver lo que dicen. No podia evitar decir: que mal está organizado todo esto. Si, me contestó el señor, y hay situaciones peores. Le pregunté por su nombre para darle las gracias por su amabilidad. Se llama Mariano.
En Unicaja no habia problema para cobrar. Volví a la oficina de extranjeros. Todo esto me habia tardado media hora. En la puerta esta vez habia otro señor en uniforme, le dije de que tengo cita de que ya habia pagado tasa y él me dió el órden de poner mi bolso encima de la cinta de la máquina de seguridad y de pasar yo por el arco.
Pues nada, hice lo que dijo pero me sentí fatal porque no habia nadie en la silla de la máquina de control para controlar lo que se ve en la pantalla. Fue absurdo y ridículo. Me entraban las ganas en decir algo... pero ví como todos estaban muy ocupados dando órdenes y asi me metí en la cola que me habian indicado, para que me den número. Alli me indicaban la sala de comunitarios. Estaba la única clienta y me dirijé a una de las tres mesas con empleados, dos de ellos muy ocupados on sus ordenadores y en una de las mesas estaban discutiendo mucho y fuerte dos señores, los dos empleados de la oficina de extranjería como podria ver.
La señora a la que me dirijí me dió órden de sentarme an las sillas de espera. En la pantalla con los números no apareció mi número pero me llamó despues de un rato. Entregé todos mis papeles y ella empezó de teclar datos en su ordenador y al final me dió este folio.
Preguntándole a la señora sobre la diferencia entre este folio a la tarjeta de residencia me dijo de que no lo sabe y de que ya no se dé tarjeta de residencia que ahora a los comunitarios solo se dé esto que seria lo mismo.
Pues alli no me podia callar y dije: no creo que sera lo mismo, habra diferencia segura. Pero la señora insistió de que no, y su compañero de la mesa de al lado se puso de pie para explicarme de que yo con este certificado puedo comprar un coche o una casa lo que sea y que seria lo mismo como la tarjeta de residencia.
Yo de mi parte le dije de que no pienso comprar ni coche ni casa y para comprar esto solo se necesita un numero de NIE, es el Numero de Identificación de Extranjeros, que ya hace muchos años que la tenga y que sigo con mi deseo de saber la diferencia entre la tarjeta de residencia y el certificado este.
Es que no la hay y además aquí no hay nadie que le puede dar más información, terminó el señor cabreado y con la cara roja.
Volviendo a mi coche pensé de que más al sur que uno vaya las autoridades visten sus empleados en uniformes y les instruyen en dar órdenes en vez de información.
Y los que no tengan uniformes utilizan sus ordenadores como instrumento de imponer. Y máquinas de control.
Parece de que pedir información les ofende.
A mi me ofende mucho a mi inteligencia si me obligan poner mi bolso en una máquina de control sin que haya persona que controle la pantalla y si intentan de convencerme de que no haya diferencia entre una tarjeta de residencia y un certificado de registro de ciudadano de la unión.
Pienso que seria muy fácil decir: lo siento pero no le podemos informar sobre la diferencia en vez de negar una diferencia.
Y seria mucho mejor si estarian instruidos por decir: aqui tiene Usted un número de teléfono donde le pueden irformar. Seguro de que no soy la única que quiere ser informada sobre este asunto.
Me sentí triste y cansada, dijo Elena, y por el momento no tengo ningún interes más para seguir informándome... pero fijate lo que me pasó por la tarde del mismo día:
Bajé al pueblo para comprar un regalo para mi vecina, entré en la tienda Aladino, del marroquí que vende artesanía de Marruecos y alli encontré a David The Bookman, el señor ingles que vende libros en su piso arriba de Aladino. David estaba justamante en este momento enseñando a Hafed, el de Aladino, su nueva tarjeta de residencia que habia ido a recoger esta misma mañana en su gestoria en Roquetas....